El presidente Donald Trump sorprendió a la comunidad internacional al lanzar un ataque aéreo contra tres instalaciones nucleares en Irán, tras haber dado señales públicas de que una acción militar no era inminente.

Solo 48 horas antes, Trump declaró que aún estaba evaluando sus opciones y que tomaría una decisión ”en las próximas dos semanas”, lo que generó la impresión de que se estaba dando espacio a la diplomacia, especialmente tras los recientes ataques israelíes contra Irán.

La ofensiva incluyó el uso de bombarderos furtivos B-2, que despegaron en secreto desde Missouri el sábado. Estos aviones, únicos en su clase por su capacidad para transportar bombas de gran penetración de hasta 13.600 kilos, están diseñados para atacar objetivos profundamente enterrados. Se pensaba que no llegarían a Irán hasta el domingo, lo que aumentó el efecto sorpresa del bombardeo.

La decisión de Trump parece haber sido calculada para desorientar tanto a Teherán como a la comunidad internacional, utilizando declaraciones públicas como estrategia de distracción.