Científicos japoneses combinaron un poema del año 1204 con anillos de árboles enterrados y confirmaron ciclos solares más cortos e intensos que generaron auroras visibles en latitudes inusuales como Kioto.

Científicos japoneses combinaron un poema del año 1204 con anillos de árboles enterrados y confirmaron ciclos solares más cortos e intensos que generaron auroras visibles en latitudes inusuales como Kioto.
