Este lunes, el dictador norcoreano Kim Jong-un ordenó una rápida expansión del arsenal nuclear del país, alegando que los recientes ejercicios militares conjuntos entre Estados Unidos y Corea del Sur representan una provocación bélica directa.
Kim hizo estas declaraciones durante la ceremonia de lanzamiento del nuevo destructor Choe Hyon en el puerto occidental de Nampo. Según los medios estatales norcoreanos, esta nave de 5.000 toneladas será capaz de portar misiles nucleares y entrará en operaciones en 2026.
El Choe Hyon es el segundo destructor de su clase. Su predecesor, el Kang Kon, sufrió un lanzamiento fallido en mayo, que provocó graves daños en la parte inferior del buque, un incidente que Kim calificó de ”accidente grave y acto criminal” producto de la ”negligencia absoluta, irresponsabilidad y empirismo no científico”.
Este incidente, que Kim presenció personalmente, fue descrito por él como una humillación nacional que ”derrumbó la dignidad y el respeto propio” del Estado. El buque fue posteriormente reparado y relanzado en junio.

La ceremonia del Choe Hyon transcurrió sin incidentes y fue presentada como un intento por parte del régimen de restaurar la imagen y el orgullo de sus fuerzas armadas.
Kim anunció que un tercer destructor ya está en construcción en el mismo astillero de Nampo, y aseguró que una vez operativos los tres, la Armada norcoreana desempeñará un papel clave en las fuerzas nucleares del país y en su capacidad de uso estratégico del armamento nuclear.
Kim declaró que ”el entorno de seguridad alrededor de la RPDC (República Popular Democrática de Corea) se agrava cada día” y que la situación actual requiere un cambio radical y rápido tanto en la teoría como en la práctica militar, incluyendo una expansión acelerada de la capacidad nuclear.
Esta retórica nuclear se da en un contexto de creciente tensión en la península coreana. El detonante inmediato, según el régimen de Pyongyang, fue la realización del ejercicio militar anual Ulchi Freedom Shield (UFS), una maniobra conjunta entre Estados Unidos y Corea del Sur.

A pesar de que estas maniobras son rutinarias y de carácter defensivo según sus organizadores, Corea del Norte las denuncia cada año como ensayos generales para una invasión.
En 2025, la administración surcoreana bajo el presidente comunista Lee Jae-myung, intentó moderar el impacto del UFS posponiendo partes del ejercicio hasta septiembre.
Lee declaró que no tiene intención de emprender acciones hostiles contra el Norte y que desea demostrar respeto hacia el régimen norcoreano, en contraste con su predecesor conservador Yoon Suk-yeol.

Sin embargo, esta política conciliadora no logró evitar la crítica de Kim Jong-un, quien aseguró que los ejercicios eran incluso más amenazantes que en años anteriores, ya que supuestamente incluían ”elementos nucleares”.
Esto fue rápidamente refutado por analistas y medios independientes: ni este año ni en ejercicios anteriores el UFS ha incluido simulaciones de armamento nuclear o respuestas a ataques nucleares norcoreanos.
Sin embargo, expertos explicaron que Pyongyang tiende a interpretar cualquier ejercicio aliado, grande o pequeño, como una amenaza nuclear, lo que luego utiliza como justificación para su propia expansión armamentista.
Este reciente impulso hacia la nuclearización también está enmarcado en una postura política cada vez más agresiva por parte del régimen de Kim. En 2024, el dictador abandonó oficialmente la política de reunificación pacífica con Corea del Sur, reformando la constitución norcoreana para declarar a Seúl como ”enemigo permanente” y destruyendo un monumento que simbolizaba la esperanza de reunificación.
