{"id":3607,"date":"2025-05-03T22:56:30","date_gmt":"2025-05-03T22:56:30","guid":{"rendered":"https:\/\/verdadincomodadiario.ar\/?p=3607"},"modified":"2025-05-03T22:56:30","modified_gmt":"2025-05-03T22:56:30","slug":"el-arte-impune-de-pasarse-la-fila","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/verdadincomodadiario.ar\/?p=3607","title":{"rendered":"El arte impune de pasarse la fila"},"content":{"rendered":"<p><strong>Despu\u00e9s de salir de los tribunales<\/strong> \u2014esa moderna catedral donde el ciudadano exp\u00eda <strong>obligaciones burocr\u00e1ticas<\/strong>\u2014, me detuve en una cafeter\u00eda. Al acercarme al mostrador, la joven barista, <strong>delgada, atenta, con gorra negra<\/strong>, me pidi\u00f3 esperar mientras terminaba una orden anterior. Le agradec\u00ed y me sent\u00e9 frente a la barra, en cumplimiento del ritual del turno.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando <strong>entr\u00f3 \u00e9l<\/strong>.<\/p>\n<p>No camin\u00f3, irrumpi\u00f3, como quien nunca ha hecho fila en su vida. Vest\u00eda <strong>saco gris claro<\/strong>, <strong>camisa blanca desabotonada<\/strong>, <strong>pantalones c\u00f3modos<\/strong> y una <strong>melena canosa cuidadosamente rebelde<\/strong>. Bajo sus cejas negras y gruesas, <strong>los ojos azules parec\u00edan exigir privilegio<\/strong>. Un <strong>bigote negro<\/strong>, estilo Mauricio Garc\u00e9s, completaba el personaje: gal\u00e1n oto\u00f1al de otro tiempo, convencido de que la vida est\u00e1 para complacerlo.<\/p>\n<p>La barista, con una firmeza ins\u00f3lita, le dijo que primero iba yo. El hombre sonri\u00f3, como quien tolera condescendientemente una an\u00e9cdota menor y permaneci\u00f3 de pie, frente al mostrador. La muchacha pregunt\u00f3 mi pedido, pero no termin\u00e9 de pronunciar la palabra <strong>tarta<\/strong> cuando el chavorruco ya hab\u00eda estirado el brazo, tomado un paquete de <strong>galletas<\/strong>, dejado un <strong>billete sobre el mostrador<\/strong> y sentenciado: \u201c<strong>qu\u00e9datelo as\u00ed<\/strong>\u201d. Se march\u00f3 con una satisfacci\u00f3n apenas contenida, sin mirar a nadie. Como si se llevara un trofeo.<\/p>\n<p>Semanas antes, un libertario me cont\u00f3 que un amigo suyo, <strong>qu\u00edmico<\/strong>, hab\u00eda logrado colocar un <strong>gel para el cabello en Walmart<\/strong>. Poco despu\u00e9s, un competidor pag\u00f3 para que sus productos lo ocultaran en los anaqueles. Las ventas del qu\u00edmico se desplomaron. Cuando observ\u00e9 que esa pr\u00e1ctica era ilegal, un <strong>empresario veterano<\/strong> terci\u00f3: \u201c<strong>No es ilegal. Es ser inteligente. As\u00ed son los negocios.<\/strong>\u201d<\/p>\n<p>Ambas escenas \u2014la del caf\u00e9 y la del anaquel\u2014 no s\u00f3lo muestran el mismo comportamiento: <strong>lo justifican<\/strong>. Vivimos tiempos donde <strong>la astucia ha reemplazado a la \u00e9tica<\/strong>, y el descaro se celebra como virtud. Ya no importa el <strong>m\u00e9rito<\/strong> ni el <strong>respeto a las reglas<\/strong>, sino la <strong>habilidad para escabullirse y tomar lo que otros esperan merecer<\/strong>, sean unas galletas, una posici\u00f3n en un anaquel o la <strong>libertad de expresi\u00f3n de los mexicanos<\/strong>: la \u00fanica diferencia entre el <strong>mirrey de las galletas<\/strong> y <strong>Claudia Sheinbaum<\/strong> es el tama\u00f1o de su desfachatez.<\/p>\n<p>Y as\u00ed seguimos: <strong>aplaudiendo al m\u00e1s vivo<\/strong>, <strong>admirando al m\u00e1s descarado<\/strong>, <strong>resignados a que aqu\u00ed no prospera el m\u00e1s justo<\/strong>, sino el que <strong>se lleva las galletas antes que los dem\u00e1s<\/strong>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despu\u00e9s de salir de los tribunales \u2014esa moderna catedral donde el ciudadano exp\u00eda obligaciones burocr\u00e1ticas\u2014, me detuve en una cafeter\u00eda. 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